El control interno no es exclusivo de las grandes empresas. Incluso una organización pequeña puede reducir significativamente su exposición a errores y fraude con controles simples y de bajo costo.
Los cinco controles básicos que recomendamos como punto de partida son: segregación de funciones entre quien aprueba y quien paga, conciliaciones bancarias mensuales independientes, doble firma para pagos sobre un monto definido, respaldo documental obligatorio para cada egreso, y revisión periódica de accesos a los sistemas contables.
Implementar estos controles no elimina el riesgo, pero sí lo hace visible a tiempo, que es la diferencia entre un error menor y una pérdida significativa.